Toro Albalá es todo un icono en la D.O. Montilla-Moriles, no en vano ha sido designada como una de las 100 bodegas de oro del siglo XXI y uno de sus vinos ha obtenido en una ocasión la bendición celestial de 100 puntos Parker. Esta antiquísima bodega fundada en 1844 y ubicada en la población de Aguilar de la Frontera, desde 1922 sus barriles se sitúan en una antigua central eléctrica donde reposan más de 6000 barricas. Algunas de ellas aún guardan vinos con más de 100 años de antigüedad. En su viñedo sólo planta Pedro Ximénez y el resto lo compra a viticultores de la zona. Digno de destacar es su precioso museo que contiene la que seguramente sea la mejor biblioteca de vitivinicultura y enología de toda España con casi 5.000 volúmenes en inglés, francés y español.

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El amontillado 1951 de Toro Albalá hace honor al dicho que dice que el amontillado es el rey de los vinos generosos. De color ámbar oscuro, el conjunto de aromas que despliega en nariz es irracional. No es una leyenda que los jerezanos que podían solían humedecer su pañuelo con unas gotas de viejo amontillado a modo de perfume. Muestra todo el carácter de la flor domada por la edad, especias, balsámicos y piel de cítricos sobre un fondo de avellanas tostadas, formando un conjunto complejo y armónico; en boca es seco y tremendamente concentrado, con una explosión de sabores al fondo del paladar que ratifica las sensaciones encontradas en nariz. Persistencia eterna. De esos vinos únicos, que te llegan a extremecer y a ponerte el vello de punta.