Visitar Bodegas Toro Albalá es hacer un viaje en el tiempo. Desde que se traspasa la puerta principal nos parece ubicarnos en los años 60 en los que se llevaron parte de las reformas de las instalaciones. Un microclima entre vino, vegetación y amistades hacen que el entorno nos haga estar en familia.

Pero si hay algo exclusivo en esta visita será la Sala de Catas que alberga una de las pocas bibliotecas monográficas que tiene España. Regida por el Dios Bacchus, siglo II d. C., regalo de un arqueólogo inglés que quedó enamorado de esta casa aguilarense. Todas las paredes se encuentran envueltas por los extractos de Rojas Clemente con las variedades de uvas del mundo. Los libros sobre distintas técnicas agrícolas, catas, etiquetas o Historia del mundo del vino se encuentran dando majestuosidad a este lugar. En el techo, como si del cielo se tratara, se encuentra un ejemplo de cómo se elaboran los vinos amontillados considerados los reyes entre los vinos generosos.

Sin más, el visitante se convertirá en un explorador del tiempo y del espacio entre la enocultura que se ofrece sobre los vinos generosos.

La visita incluye un recorrido a la nave de botas madre fundacional donde se encuentran los tesoros más apreciados de la casa. Para acabar en un pequeño museo familiar de carácter arqueológico y de variedades. Falcatas íberas se mezclan con máquinas de escribir de finales del siglo XIX o con un esclavo romano aparecido en las fincas familiares. Muchas herencias familiares, regalos arqueológicos o compras personales son los que hacen que este tesoro pueda ser visitable.

Sin más, el visitante se convertirá en un explorador del tiempo y del espacio entre la enocultura que se ofrece sobre los vinos generosos.